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En la oscuridad de la media noche,
alucinando en medio de tus brazos;
tu mirada penetrando en mis ojos,
hurgando a través de mis pensamientos
fuiste capaz de en el iris leerlos.
Infiltrose el fulgor de tus luceros
aluzando todo rincón en casa,
dilataste mi visión, oh Alteza!
observe mi futuro y mi pasado,
me refleje en tus cobrizas pupilas
encandilándome cada sentido;
por completo mi ser embelesabas.
Tu aroma se impregnó en mi mente
esculpiendo cada momento,
entendí lo que es ser eterno;
contigo viviré incesante.
Te deseé con hervor indomable,
mi corazón latió fuerte y sereno,
cimbrose el piso y se apaciguo el cielo,
rebosó mi mundo ahora apacible.
Mis labios con los tuyos al tacto,
cual saeta, ligera y punzante,
atravesando mi entendimiento,
al fin dentro de mi ser hundiéndote.
besándome directamente el alma,
besándome el corazón y la razón,
besándome mas allá de nuestra piel,
besándome mas allá de esta vida.
Me vi caer en la oscuridad,
me vi queriendo resignar,
me vi en regocijo sin cesar,
la vi
conmigo en altamar
navegando
hacia la eternidad.
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La página en la que volví a escribir.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Besos al alma.
domingo, 17 de junio de 2012
Azucena II
Después de una hora de platicas y
coqueteos de parte de los dos, Asad propuso a Azucena salir a dar un paseo a
los jardines de la universidad cercana, menciono conocer un bonito lugar que
estaba seguro a ella le encantaría. Al salir del establecimiento ella apretó
fuertemente la mano de Asad, ya no tenía ganas de soltarla nunca más, su
corazón le decía que era feliz y su cabeza no se resistía mucho a los impulsos
en estos momentos.
El la llevo a través de varios
jardines continuaban platicando acerca de gustos y disgustos, de películas y
música, del clima y las vacaciones. Cualquier tema era atractivo con tal de que
la conversación no terminara, pasaron a través de un jardín de rosas, después
vieron algunas flores locales y el camino en vez de ser recto iba curveando a través
de las plantas. Entonces él le dijo que tenían que salir del camino y se
dirigió hacia un grupo de bamboos, ella no estaba muy segura de que hubiera
algo bueno por esa zona pero no quería soltarle la mano y curiosamente se
sentía muy segura con el, así que ni siquiera tuvo que pensarlo. Vio que entre los bamboos y otros árboles
había un pequeño camino, había que pasar agachado y no estaba hecho de cemento
como todos los otros caminos, se notaba por la falta de pasto que era un
sendero muy transitado. Después de dar algunas vueltas y mantenerse agachada
por unos metros pudo ver que mas al frente había un claro de luz, entonces vislumbro
un pequeño estanque y en el estanque varios lirios, cuando nuevamente pudo erguirse
observó a su alrededor, el lugar parecía mágico, todo el rededor estaba cubierto
de bamboos y otros árboles delgados. Daba la sensación de que estaban en un
sitio privado, vio un par de banquitas, contemplaron la vista desde una de
ellas, el lugar se veía mágico, fuera de esta realidad. Alguna vez ella escucho
de este sitio, no lo imagino tan bello, tan vivido, tan sereno. Era como estar
en una pintura surrealista.
Platicaban acerca de lugares
mágicos que ambos conocían mientras se mecían en la banca, gesticulaban
disimuladamente para ir acercándose un poco mas cada vez, hasta que ella tuvo
la cintura rodeada por su brazo, sintió un beso suave en su mejilla el cual le
acelero el corazón inmediatamente, fue tan inesperado, a la vez tan natural. Es
algo que ella no esperaba sin embargo le agradaba mucho. Volteó lentamente hacia
él, un atisbo en ese mar esmeralda que habita dentro de los ojos de Asad y
decidió perderse, cerró los ojos. Al momento sintió la calidez de los labios de
Asad en los propios, contesto con un suave movimiento, un beso suave y largo. El
brazo de Asad la aprisionaba fuertemente
de la cintura, con su otra mano separaba el cabello de su delicada cara. El
corazón de Azucena no podía recuperar su ritmo, latía fuerte, lo sentía acelerado,
lo podía sentir en su pecho. Él comenzó a besarla un poco en los labios y un poco en el
cuello, pero no liberaba en ningún momento su cintura. Azucena tuvo
repentinamente un pensamiento de realidad, pensó en que ya llevarían ahí por lo
menos media hora, en que debería de regresar pronto a su casa, y a la vez pensó
en que nunca había besado a alguien que casi recién conociera, se sentía un
poco culpable pero entonces venia otro beso y se sentía sencillamente entre las
nubes.
Asad se detuvo por un momento, le
dijo con voz baja que nunca se había
sentido así por nadie, que no quería faltarle al respeto o algo parecido, pero
que ella le gustaba mucho, le agradaba su sonrisa, su cabello, su figura, sus
pensamientos, -Por lo menos los que he
escuchado hasta ahora.- señaló, que le agradaba mucho poder besarla y al
mismo tiempo le dio un pequeño beso que fue correspondido por Azucena, él dijo en
voz baja algo que le costó mucho
trabajo, le indico que vivía muy cerca y como ya comenzaba a anochecer la invitó
a su departamento poder seguir platicando sin que les cayera la noche en la
calle, la abrazó fuertemente, ella también lo abrazó. Asad aun con voz baja – Entiendo
si no quieres o si no te sientes cómoda, lo entiendo perfectamente, ojala nos
podamos seguir viendo…- En ese momento un sin fin de imágenes pasaron por la
cabeza de Azucena, ella quería completamente quedarse con él, no quería que
este día terminara nunca, quería continuar sintiendo el calor de sus brazos
alrededor de su cuerpo. Pensaba en que sería muy bizarro ir con él a su departamento,
no tenían ni una semana de conocerse, ir con algún desconocido a su casa es
algo que ella nunca había hecho, sin embargo sentía que lo conocía. Dejo
llevarse por sus impulsos, se lo permitiría por lo menos esta vez, solo por ser
él, después de pensarlo por unos largos 19 segundos, con voz baja y
entrecortada, Azucena finalmente susurró –Sí. Sí quiero.-
Caminaron
abrazados, Azucena no sabía que pensar de ella misma, se
sentía feliz yendo con él, caminaba junto al que podría ser fácilmente el
hombre de sus fantasías, un hombre guapo sin igual, casi como un sueño hecho
realidad.
jueves, 14 de junio de 2012
Umbrales - 1. Ellas
Graciela
esta viéndome, no me deja de culpar, lleva días así. Insiste en que no le
dedico tiempo, pero no es mi culpa que en aquella ocasión ella haya decidido
dejarme solo. Lo recuerda, por eso no me reclama en voz alta, pero su actitud
siempre dice todo. Manuel espera distante, ya llegara su oportunidad y él lo
sabe, no tiene nada que demostrar. Graciela no lo entiende; ¿porqué está ahí?,
si no es acerca de ella, ella vino primero. Yo tampoco entiendo mucho, no
debería de estar ahí, ella fue la que se quiso ir, exigió que la dejara irse.
Pero no se va, se ha quedado, es parte de mí y yo soy parte de ella. Se da
cuenta del final, era obvio, es la siguiente. Yo no puedo evitar, la he
deseado, su ardid da resultado, al final volverá a mí.
El
sabor del café sin azúcar, una corriente gélida en mi espalda, Zoé se
escucha al fondo, son un sonido fantasmal, mis dedos no se detienen, el
hormigueo entre mis cabellos, siempre ocurre cuando la idea no se detiene.
Continuo acariciando las letras, las palabras danzan, el humo de cigarro les
sirve de escenario. Yo me he vuelto una chimenea, ya no lo evito, lo disfruto,
aun con culpa, pero lo disfruto. Carlos me saca un momento del trance, vienen a
mi memoria Poe, Miller, Lewis, revolotean un rato. El dealer aparece, la luz
esmeralda amenaza con iluminarnos, una novia caciqueada, engañada. Una mujer
que se queja justamente, su novio, escritor, ha escrito hermosos poemas, de
belleza abrumadora, inmortalizando amores muertos. Los vecinos gritan, golpean,
intentar cometer un homicidio. Arrastran muebles, preparan una estrategia.
Steven Tyler repite Love in an elevetor desde otra dimensión. Ríen, el roedor
espanta a las mujeres, lo atrapan, hay risas y silencio… hasta que ella me
llama nuevamente.
-¡El
trabajo! - Me grita Luis, tiene que ser el responsable. Lo ignoro
olímpicamente.
Luz
esta radiante, no puede ocultar su sonrisa, se recarga en mi hombro
mientras perfilo las últimas líneas. Sabe que esta es su gran noche, haremos el
amor apasionadamente, se siente tan llena de vida. Resplandece, cada movimiento
que ella hace es para mí, y yo lo disfruto, es como ver al cisne negro,
maquiavélico, dulce, apasionante, seductor. No me puedo resistir, viene de mí,
es para mí. Se enlaza de mi cuello, me separa de mi silla, su boca es dulce,
húmeda, provoca una tormenta en mi cerebro, ese es el control que tienen en mí,
sus delicadas manos mientras cruzan mis cabellos, sus uñas raspan mi piel. Su
cintura se funde en mis manos y yo me fundo en ella, somos uno. Disfruto de la
textura de su cabello, del tono de su piel, el timbre de su voz. Ve mis ojos
mientras respira hondamente, los está presumiendo, brillan, podrías ver
su vida a través de ellos, yo lo hago. Su fuerza me arrebata, su energía me
quema, su cuerpo me purifica. Muero y renazco en ella, su sudor me hidrata. No
me quiere dejar. Me susurra que la posea eternamente, que no la suelte jamás,
sabe que no puedo. Sabe que me separare de ella, que por más que me encanté no
puedo, no quiero, no debo quedarme con ella por siempre. Sabe que se acabaría,
la consumiría y palidecería.
Las
imágenes no dejan de atravesar. La música ha cambiado, se ha vuelto demasiado
tenue, la lluvia es más fuerte, el café ahora es té, y Poe se ha vuelto Rice.
Voces que entran y salen en diálogos dispersos, cada uno con su orden, cada uno
una memoria, me atormentan, me complacen. -¿Su significado?- le respondo: -Sí,
si lo sé.- -…Nunca lo voy a olvidar… -Me vino de golpe- -¿Te agradaba
entonces?- -Sí, siempre.- -Tu a mí no-. Un poco más de café, no puedo dejar de
beberlo, hay silencios repentinos, incómodos. Te veo entrar al msn, cuando
cambio la ventana ya no estás, un espejismo, eso te has vuelto. Te vuelves
poesía, esa que nace del dolor y es sublime. ¡Oh Diana!, lo que has
provocado, tenerme en este estado. Tú y solo tú me podías meter en este abismo.
Tu recuerdo opaca mi futuro, lo tengo que iluminar con posibilidades,
realidades alternas. Mi conciencia debe abandonar esta posibilidad, atravesar
umbrales, me has obligado a ponerme un reto, olvidarte. Pero ya lo hice antes.
¿Por qué no lo recuerdas? Es muy claro para nosotros. Me encanta seguir
recibiendo mails de la IEEE me recuerdan una vida pasada. El sabor amargo,
ahora es mate, el cambio es placentero. Pienso en el trabajo, siempre está ahí,
parece que las facturas se pagan solas, pero yo se que no. Tengo que trabajar,
debería estar “descansando”. Tal vez el cuerpo lo haga, pero mi mente no lo
hará seguirá pendiente del trabajo y una vez allá estará pendiente de Diana.
Pero me das razones para no hacerlo, me lo reclamas con voz entre signos de
admiración, no dejas de señalarlo. Vienen las otras memorias, una tras otra,
las razones para ir con ellas aparecen, se materializan en el pensamiento.
Graciela
entonces es feliz, su enemiga me ha lanzado una vez más a sus brazos, será
ahora mi compañera. Intentara estar conmigo en todos los lugares a los que
vaya, no se quiere separar de mi, le he tenido que pedir disculpas. Ella fue la
que lo provoco todo. Pero dejo una semilla, ha germinado lentamente. Ya no he
podido sacarla de mi mente, la desmenuzó con tal facilidad, que supo como
plantarse en ella sin ningún esfuerzo. Entonces de alguna manera yo pido
disculpas, me rindo, necesito que me hable. Es la única forma de llamarla, todo
es por Diana. Graciela nunca pierde lo altanera, se cree ella misma su nombre,
como si fuera de oro. Le guiña a todo mundo, sabe muy bien de lo que es capaz,
y no cae en su propio juego. Es lo mejor en ella. Y cuando se siente lo máximo
la mira, la mira y la odia, sabe que seguirá esperando. Tendrá que esperar a
que Luz se vaya, a quien aún le quedan unas semanas en la ciudad de los ángeles,
en Puebla. Pero ahora Graciela habla, por lo menos ya no está ahí callada, con
los chinos alborotados por tantas rabietas. Disfruta su vino, disfruta más de
su existencia, se vanagloria con su misma presencia. Interrumpe en los
diálogos, siempre tiene algo que decir, piensa en voz alta. Y Luz es
ahora la que me reclama. Estamos en la cocina, y mientras Graciela ríe con
carcajadas provocadas con simpleza… sin gracia, Luz me susurra al oído, y
su odio desaparece.
Publicado por
Fego
en
2:24
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