Era una tarde de mayo, la lluvia
arreciaba fuera del café, una pequeña mesa en la esquina a la luz de una lámpara
servía de refugio para que Azucena disfrutara de su lectura favorita, había leído
este libro por lo menos 6 veces y no se cansaba de volver a hacerlo, con cada página,
cada párrafo, cada palabra se transportaba a ese mundo lleno de sorprendentes
personajes, ese mundo que la hacía sentirse excitada, emocionada, asustada, enamorada,
simplemente se perdía entre las líneas de sus personajes favoritos, se
imaginaba junto a ellos en cada momento a través de cada aventura, y es que
esos libros le robaban todo su ser, simplemente la mantenían atrapada.
Por su puesto Lestat era su
personaje favorito, aunque no le agradaba mucho la idea de unos rizos dorados
en un hombre, los ojos grises que caracterizaban al joven de Lincontour le robaban su atención y el hecho de que se
vieran azules o violetas dependiendo de la habitación simplemente le
apasionaba.
Al termino sus clases, Azucena por
lo regular disfruta de un café en las cercanías de su facultad, aprovecha esos
momentos para dejar volar su mente, ese día como todos los demás Azucena
planeaba salir temprano de aquel café para dirigirse a su departamento y
comenzar los deberes escolares, sin embargo la incesante lluvia no le permitía
abandonar el establecimiento y le servía de pretexto ideal para continuar con
su lectura.
<Rin rin> la campana de la puerta llamo la atención de Azucena,
un joven bañado por la intensa lluvia acababa de entrar al establecimiento, vestía
unos jeans azules deslavados, zapatos negros casuales y una playera negra algo
ajustada que por culpa de la lluvia se le había adherido aun mas a su cuerpo, un collar de cunetas negras y cafés,
algo muy curioso para Azucena fue que él en la mano izquierda llevaba el mismo
libro que ella leía, pero era una edición nueva de esos con el fondo negro y
una copa que se llena de sangre, muy al estilo de los libros de la serie twilight.
Azucena no le pudo quitar la
vista desde ese momento, fue como si se quedara paralizada con el libro entre
las manos. El desconocido se quedo parado un momento en la entrada, en su cara se
reflejaba un poco de confusión después de pasar la vista por todo el lugar, la
razón es que no había mesa alguna vacía en el café. Entonces Azucena notó que la
mirada de él se enfocaba en ella, inmediatamente una leve sonrisa apareció en
el rostro del muchacho, parecía malvada y generosa a la vez pero sobre todo a
ella le parecía muy sensual. Esa sonrisa hizo que Azucena sintiera como su
cuerpo se estremecía involuntariamente, él comenzó a caminar hacia la
mesa-refugio de Azucena, se movía con un paso seguro, decidido, que para ella
resultaba hipnótico. Fue cuando Azucena pudo observar con más detalle el cuerpo
del muchacho, la playera húmeda mostraba por momentos el torso perfectamente
esculpido, las mangas cortas de la playera hacían relucir sus brazos -tan
perfectamente marcados- pensó ella, un tatuaje de un dragón en pleno vuelo se
asomaba un poco por debajo de la manga de su brazo izquierdo, esa imagen hizo
que su corazón se acelerara. A la vez comenzó a pensar en que sería un engreído
mas, uno más que tendría que rechazar, pero decidió que por esa sonrisa le daría
una oportunidad.
- Hola – dijo él con un tono más
inseguro de lo que Azucena esperaba, - ¿te puedo acompañar un momento? – su voz
era suave pero con un tono grave de fondo.
Ella no atino a decir nada, siempre
había sido muy tímida al conocer nuevas personas, mas aun con personas que le atrajeran
tanto como él, además ahora la luz de la lámpara se reflejaba en el rostro
ligeramente moreno de el recién llegado. Fue en ese momento en que ella pudo
notar el tono verde esmeralda en sus ojos, esto provoco que las palabras se
escondieran aun mas dentro de su mente…
- Me llamo Asad Khalil, pensé que podríamos
compartir la mesa… claro si es que no te molesta…-
Azucena quería decir que SI, pero
la palabra simplemente no salía de su boca, se sentía un poco tonta por no
decir nada hasta ahora y no podía quitar la vista de esos ojos tan serenos.
- … tal vez fue una mala idea… disculpa- dijo
él.
Los ojos verdes voltearon hacia
otro lado, el ceño fruncido empujo las cejas pobladas de Asad hacia abajo
mostrando el arrepentimiento en su rostro,
-No!... por favor siéntate- dijo Azucena,
en un tono muy agudo, nada propio de ella, aclaro un poco su voz y dijo
–Siéntate, Mi nombre es Azucena, discúlpame,
me tomaste un poco desprevenida dentro de mi mundo, ya sabes, esto de leer, me
hace sentir como fuera de mi –
- A mí también me hace sentir así,
no te preocupes… y gracias, la verdad es que usualmente no hablo con
desconocidas y menos si son tan lindas como tú
– Se le quebró un poco la voz en la última palabra.
Y es que Azucena es
abrumadoramente bella, capaz de poner nervioso a cualquiera. Aunque es una
persona sencilla, como toda mujer siempre se arregla para salir, no exagera al
hacerlo pero siempre se ve muy atractiva, y este dia no era la excepción. De
esta manera se creaba una barrera para los más tímidos que no se atrevían a
entablar una conversación con alguien como ella y a la vez y por desgracia para
Azucena atraía a los más tontos que creían poder conquistarla con los cliches mas estupidos, por lo cual ella siempre se encontraba en constante alerta anti-engreídos.
El físico de Asad encajaba perfectamente con el de cualquier narcisista sin
embargo ella distinguió algo muy distinto en él.
– Quiero decir mucho gusto, Azucena – dijo él
mientras tomaba una silla de metal y se sentaba en frente de ella.
- Mucho gusto, A... como
dijiste?-
-Asad Khalil, no te preocupes, siempre cuesta trabajo la primera vez –
Se notaba el nerviosismo en su voz.
- Mucho gusto Asad, deberías
pedir algo caliente, ya sabes para que no te resfríes –
Asad pidió un cappuccino y un té
mas para ella. Azucena noto como Asad se relajaba un poco mas cada vez, al
principio parecía rígido y sus movimientos se notaban algo forzados, casi
robotizados. Pensó en que él se veía realmente nervioso pero conforme
comenzaron a platicar del gusto por el libro que tenían en común comenzó a
verlo más relajado, en cambio ella se ponía más nerviosa a cada minuto, no
podía creer que alguien con la apariencia como él pudiera ser tan sencillo, y
además que compartiera junto con ella la misma admiración por las historias de
Anne Rice.
A él gustaba mucho lo blanco de
la piel de Azucena, parecía que nunca hubiera conocido el sol. Tiene el cabello
largo de un negro muy profundo que hace ver su rostro aun mas blanco, con un peinado
bastante coqueto un fleco largo hacia la derecha por encima de sus bien
delineadas cejas, las cuales servían de marco perfecto para esos ojos café
oscuros tan coquetos que robaban suspiros. Basto que ella esbozara una pequeña
sonrisa para que el notara que en medio de su labio inferior tenia un pequeño
lunar el cual inmediatamente le dio ganas de probar, pero apenas la conocía,
así que eso quedaba fuera de sus posibilidades.
-¿Como es que se te ocurrió salir a la calle
con semejante lluvia? – pregunto Azucena.
- Tenía que llegar a tiempo a una
cita con un profesor de baile, estudio danza moderna en la escuela que está
pasando el Carolino- Lo dijo con el
suficiente orgullo para que ella se interesara, ciertamente a ella siempre le
ha gustado bailar pero ha sentido que no lo hace muy bien cuando se trata de
seguir a una pareja.
- Pues entonces tendrás que
mostrarme algunos pasos, eso de bailar me falla… –
- Seria genial, me agrada mucho
la idea de bailar contigo, y ¿tu a que te dedicas?.. mmm déjame adivinar, pocos
libros, lectura con un té después de clases ¿estudias Letras?-
- No, estudio Psicología pero
estuviste cerca. –
Después de dos horas de
conversación, parecía que ya se conocían de toda la vida, se reían de cosas
pequeñas y no había nerviosismo entre ellos. El lugar estaba casi vacío, y la
lluvia había hace rato había cesado. El cabello de él ahora estaba seco, era
lacio de un café no muy oscuro, le llegaba apenas por debajo de los ojos pero
se lo había hecho hacia los lados de manera que no le cubría la mirada. A ella
aun le parecía estar frente a un modelo, no podía ser que después de haberse
mojado estuviera tan perfecto sin haberse hecho nada, la sonrisa que mostraba
ahora con mas facilidad le robaría el suspiro a cualquier mujer, y ahora que lo
tenía más cerca podía notar las pestañas largas que tenia incluso hasta las
envidiaba.
- Se ha hecho muy tarde, hay
algunas cosas que debo hacer, ya sabes tareas, te parece bien si nos volvemos a
encontrar mañana o en la semana? – Dijo ella.
- Me parecería perfecto, recuerda
que tengo que enseñarte algunos pasos y apostaría mi brazo derecho a que bailas
con una cadencia única –
- Hahaha se ve que no me conoces
pero hago el intento-

Pidieron la cuenta y el se
ofreció a invitarle, ella acepto de mala gana no podía discutir mucho con él,
una vez que se levantaron de la mesa ella se sintió pequeña junto a él, ella
media poco menos de 1.60m mientras que el estaba alrededor de los 1.80m y
aunque ella calzaba unas zapatillas la diferencia era notoria. Ella se quedo
viendo hacia arriba y él no sabía por que miraba tan fijo hacia su frente, después
de un momento la tomo de la mano con la naturalidad que dos amigos se toman,
simplemente parecía que ya no había contenciones entre ellos, se sentían muy cómodos
el uno junto al otro, y aun así a ambos no les dejaba de latir el corazón por
el hecho de estar tan cerca.
Una vez fuera notaron que las
nubes habían desaparecido, las calles aun estaban húmedas pero el sol ya
lanzaba rayos a través de los edificios, esos rayos naranjas típicos de los
atardeceres. Los rayos se posaron de pleno en el vestido de Azucena al salir,
en ese momento Asad quedo boquiabierto, hasta ahora no había notado el cuerpo
tan bien esculpido de Azucena. Ella vestía un vestido strapless blanco, con flores
vino y mariposas verdes, una cinta gruesa le remarcaba la cintura. La falda
tipo bombacha dejaba ver sus bien torneadas piernas, sin embargo como el resto
de su cuerpo en extremo blancas, llevaba un pequeño suéter blanco que le cubría
la espalda y una bolsa de una sola asa donde llevaba un par de libros y un
cuaderno, su look en general era bastante coqueto.
-No te ofendas, te ves hermosa,
pero ¿cómo es que usas algo así en un día tan lluvioso?- Se burlo él de su
atuendo.
-¿Qué? Pues en la mañana el día
se veía hermoso obvio, además una mujer siempre se quiere poner cosas que la
hagan sentir bonita-
-Y lo lograste, ¿no lo dije? Te
ves hermosa.-Decirlo en voz alta por
segunda vez hizo que él se sonrojara.
-Gracias – Las mejillas de ella
también se sonrojaron como respuesta a la reacción involuntaria de Asad.
- Te puedo acompañar a tu casa –
Pregunto él.
- Si, pero queda algo lejos…-
- No importa así es mejor,
seguimos platicando.-
-¿Que no tenias una cita? –
- ¡Ah es cierto! Ya lo había
olvidado, tal vez aun alcance a ese profesor, ¿entonces nos vemos aquí mañana?,
¿Si por alguna razón no puedo estas aquí te marco? –
- Bueno. –
Se despidieron con un beso en la
mejilla, rozando la comisura de sus labios, ambos sin querer separarse pero
alegres de que al otro día se encontrarían.
Asad vio como ella se alejaba con
un contoneo divino y la luz de sol reflejándose en lo blanco de su sweter y
vestido, y escuchando el clap de sus zapatillas.