Graciela
esta viéndome, no me deja de culpar, lleva días así. Insiste en que no le
dedico tiempo, pero no es mi culpa que en aquella ocasión ella haya decidido
dejarme solo. Lo recuerda, por eso no me reclama en voz alta, pero su actitud
siempre dice todo. Manuel espera distante, ya llegara su oportunidad y él lo
sabe, no tiene nada que demostrar. Graciela no lo entiende; ¿porqué está ahí?,
si no es acerca de ella, ella vino primero. Yo tampoco entiendo mucho, no
debería de estar ahí, ella fue la que se quiso ir, exigió que la dejara irse.
Pero no se va, se ha quedado, es parte de mí y yo soy parte de ella. Se da
cuenta del final, era obvio, es la siguiente. Yo no puedo evitar, la he
deseado, su ardid da resultado, al final volverá a mí.
El
sabor del café sin azúcar, una corriente gélida en mi espalda, Zoé se
escucha al fondo, son un sonido fantasmal, mis dedos no se detienen, el
hormigueo entre mis cabellos, siempre ocurre cuando la idea no se detiene.
Continuo acariciando las letras, las palabras danzan, el humo de cigarro les
sirve de escenario. Yo me he vuelto una chimenea, ya no lo evito, lo disfruto,
aun con culpa, pero lo disfruto. Carlos me saca un momento del trance, vienen a
mi memoria Poe, Miller, Lewis, revolotean un rato. El dealer aparece, la luz
esmeralda amenaza con iluminarnos, una novia caciqueada, engañada. Una mujer
que se queja justamente, su novio, escritor, ha escrito hermosos poemas, de
belleza abrumadora, inmortalizando amores muertos. Los vecinos gritan, golpean,
intentar cometer un homicidio. Arrastran muebles, preparan una estrategia.
Steven Tyler repite Love in an elevetor desde otra dimensión. Ríen, el roedor
espanta a las mujeres, lo atrapan, hay risas y silencio… hasta que ella me
llama nuevamente.
-¡El
trabajo! - Me grita Luis, tiene que ser el responsable. Lo ignoro
olímpicamente.
Luz
esta radiante, no puede ocultar su sonrisa, se recarga en mi hombro
mientras perfilo las últimas líneas. Sabe que esta es su gran noche, haremos el
amor apasionadamente, se siente tan llena de vida. Resplandece, cada movimiento
que ella hace es para mí, y yo lo disfruto, es como ver al cisne negro,
maquiavélico, dulce, apasionante, seductor. No me puedo resistir, viene de mí,
es para mí. Se enlaza de mi cuello, me separa de mi silla, su boca es dulce,
húmeda, provoca una tormenta en mi cerebro, ese es el control que tienen en mí,
sus delicadas manos mientras cruzan mis cabellos, sus uñas raspan mi piel. Su
cintura se funde en mis manos y yo me fundo en ella, somos uno. Disfruto de la
textura de su cabello, del tono de su piel, el timbre de su voz. Ve mis ojos
mientras respira hondamente, los está presumiendo, brillan, podrías ver
su vida a través de ellos, yo lo hago. Su fuerza me arrebata, su energía me
quema, su cuerpo me purifica. Muero y renazco en ella, su sudor me hidrata. No
me quiere dejar. Me susurra que la posea eternamente, que no la suelte jamás,
sabe que no puedo. Sabe que me separare de ella, que por más que me encanté no
puedo, no quiero, no debo quedarme con ella por siempre. Sabe que se acabaría,
la consumiría y palidecería.
Las
imágenes no dejan de atravesar. La música ha cambiado, se ha vuelto demasiado
tenue, la lluvia es más fuerte, el café ahora es té, y Poe se ha vuelto Rice.
Voces que entran y salen en diálogos dispersos, cada uno con su orden, cada uno
una memoria, me atormentan, me complacen. -¿Su significado?- le respondo: -Sí,
si lo sé.- -…Nunca lo voy a olvidar… -Me vino de golpe- -¿Te agradaba
entonces?- -Sí, siempre.- -Tu a mí no-. Un poco más de café, no puedo dejar de
beberlo, hay silencios repentinos, incómodos. Te veo entrar al msn, cuando
cambio la ventana ya no estás, un espejismo, eso te has vuelto. Te vuelves
poesía, esa que nace del dolor y es sublime. ¡Oh Diana!, lo que has
provocado, tenerme en este estado. Tú y solo tú me podías meter en este abismo.
Tu recuerdo opaca mi futuro, lo tengo que iluminar con posibilidades,
realidades alternas. Mi conciencia debe abandonar esta posibilidad, atravesar
umbrales, me has obligado a ponerme un reto, olvidarte. Pero ya lo hice antes.
¿Por qué no lo recuerdas? Es muy claro para nosotros. Me encanta seguir
recibiendo mails de la IEEE me recuerdan una vida pasada. El sabor amargo,
ahora es mate, el cambio es placentero. Pienso en el trabajo, siempre está ahí,
parece que las facturas se pagan solas, pero yo se que no. Tengo que trabajar,
debería estar “descansando”. Tal vez el cuerpo lo haga, pero mi mente no lo
hará seguirá pendiente del trabajo y una vez allá estará pendiente de Diana.
Pero me das razones para no hacerlo, me lo reclamas con voz entre signos de
admiración, no dejas de señalarlo. Vienen las otras memorias, una tras otra,
las razones para ir con ellas aparecen, se materializan en el pensamiento.
Graciela
entonces es feliz, su enemiga me ha lanzado una vez más a sus brazos, será
ahora mi compañera. Intentara estar conmigo en todos los lugares a los que
vaya, no se quiere separar de mi, le he tenido que pedir disculpas. Ella fue la
que lo provoco todo. Pero dejo una semilla, ha germinado lentamente. Ya no he
podido sacarla de mi mente, la desmenuzó con tal facilidad, que supo como
plantarse en ella sin ningún esfuerzo. Entonces de alguna manera yo pido
disculpas, me rindo, necesito que me hable. Es la única forma de llamarla, todo
es por Diana. Graciela nunca pierde lo altanera, se cree ella misma su nombre,
como si fuera de oro. Le guiña a todo mundo, sabe muy bien de lo que es capaz,
y no cae en su propio juego. Es lo mejor en ella. Y cuando se siente lo máximo
la mira, la mira y la odia, sabe que seguirá esperando. Tendrá que esperar a
que Luz se vaya, a quien aún le quedan unas semanas en la ciudad de los ángeles,
en Puebla. Pero ahora Graciela habla, por lo menos ya no está ahí callada, con
los chinos alborotados por tantas rabietas. Disfruta su vino, disfruta más de
su existencia, se vanagloria con su misma presencia. Interrumpe en los
diálogos, siempre tiene algo que decir, piensa en voz alta. Y Luz es
ahora la que me reclama. Estamos en la cocina, y mientras Graciela ríe con
carcajadas provocadas con simpleza… sin gracia, Luz me susurra al oído, y
su odio desaparece.
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