Al despuntar
el alba un pequeño ruiseñor empezó a trinar fuera de la ventana de la
habitación de Urmel, los rayos del sol buscaban su paso a través de las puntas
de los arboles del bosque de Karmath y llegaban directamente a calentar el
rostro del eladrín. Urmel sentía como había recuperado sus energías después de
su meditación, un estado en el que se encontraba completamente alerta de su
entorno y aun así brindaba un descanso tan profundo como el del oso pardo
durante su hibernación. Cualquier eladrin era capaz de lograr este estado, una
habilidad única y envidiable de esta casta. Con gran júbilo se dispuso a bajar
a la cocina, se puso sus babuchas de piel de camello y se quito el turbante, el
cual le hubiera dado calor mientras preparaba el desayuno para otros cofrades,
tomo unos leños y los puso en un hueco que más parecía un pequeño pozo que una
estufa. Con un ademan hizo que la madera ardiera en fuego, mientras con otro
una cacerola descendía de lo más alto de las paredes para posarse suavemente
sobre el pozo, la lleno hasta la mitad con agua de la pileta y después tomo
algunas zanahorias, papas y calabacines de la alacena y los rebano en la mesa.
Es de mala educación hacer volar comida así que no lo hizo, cuando el agua
comenzó a hervir le añadió todos los vegetales y un puñado de sal, al cabo de 30
minutos el desayuno estaba listo, así que llamo a sus compañeros. En medio del
jardín había un curioso artefacto sonoro, que servía para amplificar la voz de
quien hablara por el extremo más estrecho de este, pero Urmel apenas susurro
las palabras “el desayuno está listo” desde una ventana de la cocina, y
utilizando su voz fantasmal este sonido llego hasta la base del artefacto
subiendo a través del conducto de cobre hasta llegar a la parte más ancha y
escuchándose como un grito en todo el jardín. Entonces una voz conocida y llena
de alegría dijo desde el umbral de la puerta al jardín -Muchas gracias amigo, es
un placer poder desayunar contigo una vez más.- En la puerta se encontraba un
hombre que no aparentaba más de 60 años, se veía fuerte con la mirada suspicaz
y una amplia sonrisa en la boca, su cabello era blanco y la frente más amplia
pero definitivamente para sus 85 años se veía joven y fuerte, con gran alegría Urmel
reconoció de inmediato a Oedese y sirviéndole un plato dijo – y para mi es un
placer volver a servírtelo, amigo mío-.
Después de
desayunar otros eruditos y Urmel disfrutaron de una pipa de tabaco de Jadis,
una ciudad al norte del bosque, mientras Oedese contaba sus aventuras a través
de todo el continente, mostro su libro ahora repleto de hechizos y rituales,
algunos conseguidos a la fuerza otros cedidos por sus dueños originales. Relató
historias acerca de viajes por debajo de la tierra y de sus vivencias con otros
amigos, algunos muy valientes, otros dirigidos por su fe, algunos otros siempre
movidos por la codicia y buscando el bien propio, pero todos ellos muy fieles a
su propia causa. Explico cómo había conocido a una bella dama en un campo de
trigo, mientras ella simplemente caminaba entre el sembradío, y él junto con
sus compañeros pasaban por ahí a caballo, sostuvo fuertemente que nunca vio a
nadie tan bella y que espera el momento en que puedan estar juntos de nuevo. Hablo
de sus hijos e hijas y de cómo habían crecido fuertes bajo el cuidado de su
madre, como se hizo de fama en tierras lejanas por un par de hazañas heroicas
que a él más bien parecen golpes de suerte en momentos de gran apremio. Al
final del día solo quedaban él y Urmel platicando, le confesó que esperaba
morir ahí, morir muy pronto, ya no esperaba vivir muchos años, sentía que su
cuerpo debía descansar por siempre, pero no sin antes enseñarles a otros algo
de lo mucho que había aprendido. Antes de morir él quería ver a Urmel partir,
el mismo eladrín después de tantos relatos tan maravillosos ardía en deseos de
salir a conocer ese mundo sorpréndete ahí afuera, Oedese quiso que Urmel tomara
su libro como suyo, pero Urmel se negó, el tenia uno propio y además uno
pequeño con notas personales, se mantuvo firma en que él iba a encontrar la
forma de llenarlo con nuevos conocimientos. -Es mejor que el libro se quede aqui
en la biblioteca para que nuevos magos pudieran aprender- Dijo.
Una semana
después Urmel partió con rumbo a Talenta, pasaría primero por Jadis donde
compraría apropiadamente mas tabaco entre otras cosas, y luego por Hatheril,
donde un amigo de Oesede le brindaría seguramente un buen lugar para descansar
de su larga jornada. En Talenta buscaría a los hijos de su amigo y les daría su
última voluntad, el mensaje de que él se quedaría en el colegio del Karmath hasta
que pudiera ir con su madre. El único regalo que Urmel acepto fue una capa de
viaje que Oesede había usado los últimos 12 años, aunque era vieja parecía como
nueva según su dueño y según Urmel nunca había visto capa mejor. Así fue como
los amigos se despidieron, y Urmel dijo –ojala vuelva aquí algún día y te pueda
contar mis propias aventuras, viejo amigo.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario