lunes, 11 de junio de 2012

Eokeria - 2. Un viejo amigo


Al despuntar el alba un pequeño ruiseñor empezó a trinar fuera de la ventana de la habitación de Urmel, los rayos del sol buscaban su paso a través de las puntas de los arboles del bosque de Karmath y llegaban directamente a calentar el rostro del eladrín. Urmel sentía como había recuperado sus energías después de su meditación, un estado en el que se encontraba completamente alerta de su entorno y aun así brindaba un descanso tan profundo como el del oso pardo durante su hibernación. Cualquier eladrin era capaz de lograr este estado, una habilidad única y envidiable de esta casta. Con gran júbilo se dispuso a bajar a la cocina, se puso sus babuchas de piel de camello y se quito el turbante, el cual le hubiera dado calor mientras preparaba el desayuno para otros cofrades, tomo unos leños y los puso en un hueco que más parecía un pequeño pozo que una estufa. Con un ademan hizo que la madera ardiera en fuego, mientras con otro una cacerola descendía de lo más alto de las paredes para posarse suavemente sobre el pozo, la lleno hasta la mitad con agua de la pileta y después tomo algunas zanahorias, papas y calabacines de la alacena y los rebano en la mesa. Es de mala educación hacer volar comida así que no lo hizo, cuando el agua comenzó a hervir le añadió todos los vegetales y un puñado de sal, al cabo de 30 minutos el desayuno estaba listo, así que llamo a sus compañeros. En medio del jardín había un curioso artefacto sonoro, que servía para amplificar la voz de quien hablara por el extremo más estrecho de este, pero Urmel apenas susurro las palabras “el desayuno está listo” desde una ventana de la cocina, y utilizando su voz fantasmal este sonido llego hasta la base del artefacto subiendo a través del conducto de cobre hasta llegar a la parte más ancha y escuchándose como un grito en todo el jardín. Entonces una voz conocida y llena de alegría dijo desde el umbral de la puerta al jardín -Muchas gracias amigo, es un placer poder desayunar contigo una vez más.- En la puerta se encontraba un hombre que no aparentaba más de 60 años, se veía fuerte con la mirada suspicaz y una amplia sonrisa en la boca, su cabello era blanco y la frente más amplia pero definitivamente para sus 85 años se veía joven y fuerte, con gran alegría Urmel reconoció de inmediato a Oedese y sirviéndole un plato dijo – y para mi es un placer volver a servírtelo, amigo mío-.
Después de desayunar otros eruditos y Urmel disfrutaron de una pipa de tabaco de Jadis, una ciudad al norte del bosque, mientras Oedese contaba sus aventuras a través de todo el continente, mostro su libro ahora repleto de hechizos y rituales, algunos conseguidos a la fuerza otros cedidos por sus dueños originales. Relató historias acerca de viajes por debajo de la tierra y de sus vivencias con otros amigos, algunos muy valientes, otros dirigidos por su fe, algunos otros siempre movidos por la codicia y buscando el bien propio, pero todos ellos muy fieles a su propia causa. Explico cómo había conocido a una bella dama en un campo de trigo, mientras ella simplemente caminaba entre el sembradío, y él junto con sus compañeros pasaban por ahí a caballo, sostuvo fuertemente que nunca vio a nadie tan bella y que espera el momento en que puedan estar juntos de nuevo. Hablo de sus hijos e hijas y de cómo habían crecido fuertes bajo el cuidado de su madre, como se hizo de fama en tierras lejanas por un par de hazañas heroicas que a él más bien parecen golpes de suerte en momentos de gran apremio. Al final del día solo quedaban él y Urmel platicando, le confesó que esperaba morir ahí, morir muy pronto, ya no esperaba vivir muchos años, sentía que su cuerpo debía descansar por siempre, pero no sin antes enseñarles a otros algo de lo mucho que había aprendido. Antes de morir él quería ver a Urmel partir, el mismo eladrín después de tantos relatos tan maravillosos ardía en deseos de salir a conocer ese mundo sorpréndete ahí afuera, Oedese quiso que Urmel tomara su libro como suyo, pero Urmel se negó, el tenia uno propio y además uno pequeño con notas personales, se mantuvo firma en que él iba a encontrar la forma de llenarlo con nuevos conocimientos. -Es mejor que el libro se quede aqui en la biblioteca para que nuevos magos pudieran aprender- Dijo.
Una semana después Urmel partió con rumbo a Talenta, pasaría primero por Jadis donde compraría apropiadamente mas tabaco entre otras cosas, y luego por Hatheril, donde un amigo de Oesede le brindaría seguramente un buen lugar para descansar de su larga jornada. En Talenta buscaría a los hijos de su amigo y les daría su última voluntad, el mensaje de que él se quedaría en el colegio del Karmath hasta que pudiera ir con su madre. El único regalo que Urmel acepto fue una capa de viaje que Oesede había usado los últimos 12 años, aunque era vieja parecía como nueva según su dueño y según Urmel nunca había visto capa mejor. Así fue como los amigos se despidieron, y Urmel dijo –ojala vuelva aquí algún día y te pueda contar mis propias aventuras, viejo amigo.-

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