domingo, 10 de junio de 2012

Perdidas.

A mí no me duele la muerte. 
Sé que en donde sea que este ellos estaran mejor que yo.
 Me duele el olvido.


Despido  una bocanada de humo, piso el acelerador un poco y el carro avanza, un poco mas de cigarro, voy hacia casa de Evelyn. Me pidío ayuda para llevar sus maletas al hospital donde atendían a su tío, no sé qué hacer al llegar a su casa, es decir, seguramente la ayudare a bajar las maletas y otras cosas de su hijo. Pero me refiero a cómo comportarme, siempre ha sido muy difícil esa parte, es muy incomodo no saber qué hacer cuando muere un familiar de uno de tus mejores amigos, en este caso de una ex pareja. El semáforo cambia y yo giro a la izquierda, dos vueltas más y estaré frente a su casa, esa donde alguna vez nos despedimos de manera muy amarga y otras tantas de manera muy cariñosa. Al llegar aún tengo un poco del cigarro, le marco para avisarle que he llegado -Sube, esa abierto- me dice. Pienso en sí debería subir con el cigarro o terminármelo ahí abajo, el niño tenía una infección en los ojos le podría hacer daño, lo pienso por un momento, tiro el cigarro y lo piso. Subo los escalones, son muy altos, incómodos, ella vive en la segunda planta eso siempre cansa. Primero me encuentro con Alán, tiene un año y meses, siempre que lo veo pienso en que podría ser mi hijo. Mi imaginación vuela un momento, estoy con él en un parque cuidándolo en los juegos, él ríe a carcajadas, despierto. Evelyn me pide que la ayude a doblar unas cajas que ya no ocupara, la abrazo, siempre ha sido lo que mejor me sale para mostrar mis condolencias. Un abrazo fuerte, una línea de aliento y siempre dicen gracias, bajamos todas sus maletas al carro y nos vamos.
Esa mañana misma fui a donar sangre para uno de sus familiares, le habían hecho una intervención quirúrgica, ella me menciono lo que era, me dijo que tal vez necesitará otras, que necesitaría mas donadores. Ahora ya no, no me atrevo a preguntar nuevamente de que convalecía, sería muy incomodo. Aun siento el dolor que dejaron las agujas mientras sigo manejando, increíble que no haya servido de mucho, pero estas cosas pasan y a veces el cuerpo ya no resiste y se rinde. Alán juega con su camión de bomberos, no sabe lo que pasa, solo disfruta del camino, los niños siempre nos ayudan a sentirnos mejor en momentos como este. Ya no ha habido muertes en mi familia, desde hace como 15 años, la ultima en irse fue una tía. Sus hijas se volvieron mis hermanas. Antes de ella un primo, casi nunca veo a sus hijas. Y antes mi abuela y dos tíos, entonces era muy pequeño. Ir al cementerio era como un día de campo, corríamos entre las tumbas, jugábamos con el agua de las piletas, no había preocupaciones. No entendía lo que pasaba, no del todo, no realmente. Todos venían a la casa, estaban despiertos hasta muy tarde, fumaban y bebían mucho café (ahh como se me antoja otro cigarro, pero debo esperar a que no esté el niño). La última ocasión, la de mi tía, mi padre me llevo con él a hacer todos los arreglos funerarios, el ataúd, los embalsamadores, el panteón, el registro civil. Yo sentí que me estaba preparando, como si me dijera sin usar palabras que yo lo tenía que hacer por los demás algún día.

Pasamos a otra casa, por la maleta de la viuda, todos viajaran de regreso a su casa en otra ciudad a velarlo, una ciudad en donde esta toda su familia. Evelyn me deja un momento con Alán, el aun no habla bien pero me llama tío (mejor dicho lo balbucea), parece que lo hace con cualquiera a quien le toma confianza. Camina tambaleándose un poco, arranca unas flores y señala a la luna, mientras balbucea silabas sin parar, ríe y luego busca a su mamá, al no verla camina un poco más.

Evelyn sale con una maleta grandísima, batallo para acomodarla en el carro mientras se despide de su prima, escucho un poco a lo lejos como le da sus condolencias, nos despedimos y seguimos hacia el hospital. En el camino Evelyn me comenta que quiere volver a la universidad, que se ha cansado de vivir en una ciudad pequeña y sin cines, que le ha dado tiempo a Alán y ahora quiere retomar sus estudios, buscar un trabajo aquí. Me pregunta si la llevare a bailar, al cine, a otros lugares, dudo en contestar, le reviro con otra pregunta, le aconsejo que se enfoque en sus estudios. Dice que le da tiempo para salir una vez a la semana, le digo sin mucho ánimo que sí, la llevaré. Llegamos al hospital, buscamos un espacio para dejar el carro, y luego buscamos a sus familiares. Su madre, un tío, una tía y una prima, todos se ven cansados, desvelados, desconsolados, otro momento incomodo. Evelyn me presenta, les digo a todos lo mucho que lo siento, me agradecen por haber donado, por las atenciones para con ellos -no fue ningún problema, es lo mínimo que puedo hacer por una amiga- contesto. Todo es como conocer a los suegros, pero un poco a destiempo, y un poco menos informal, pero más incomodo, Evelyn le pregunta por la camioneta a su tío, y pasamos todas sus maletas. Ahora sí, no se qué hacer, cumplí con ayudarla, ¿debería quedarme más tiempo con ellos?, no lo tengo que pensar mucho tiempo. Evelyn me agradece la ayuda, me dice que probablemente me marcará la siguiente semana, cuando regrese para la universidad, me despido de todos, la abrazo otra vez y abrazo a Alán, caminan de vuelta hacia el hospital y yo me subo a mi carro. Prendo un cigarro, tomo una gran bocanada, un poco de música, pienso en que no tengo todo lo que quiero, pero alegremente en mi familia todos estamos muy sanos… por ahora.

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